El Camino No Elegido

La iglesia parroquial de Santa María en Guernica (gótica-renacentista) o de la puerta del perdón

Posted in Uncategorized by María Camín on agosto 2, 2010

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Lo del mural ha sido visto y no visto. He seguido a una pareja, van cogidos de la mano.

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La iglesia de Santa María es templo gótico vasco. Esto quiere decir, al parecer, que se congregan en ella dos estilos, el del gótico tardío y el renacentista.

Las publicaciones que consulto ofrecen datos contradictorios, el gobierno vasco cita el siglo XIV como inicio de la construcción. La comarca de Busturialdea concreta que esto sucede en año 1418. La portada es gótica, sencilla y elegante, muy placentera, inspira serenidad, debido al profundo turquesa del que están barnizadas sus puertas, no las traspasé, no era posible hacerlo, en contraste con la claridad senil de la piedra labrada; arco apuntado, un mínimo de figuras representativas.  No podría decir, por tanto, si en su interior alberga su joya: tres naves abovedadas en crucería y que son sostenidas por columnas jónicas. El coro manierista. Once altares rodean la planta, gótica, como la cabecera. El órgano de 1889.

Ayer un filósofo hablaba de la impresión que debía de provocar en el campesino, rodeado de tierras de labor, trabajando de sol a sol, sin los conocimientos de esos libros que nos abren la mente, la entrada con los suyos, semejantes analfabetos, en el templo.

Los pocos canteros que hoy aún sobreviven dicen que hay tres formas de cortar y tallar la piedra. Una es la más perfecta pero las tres  se orientan en la dirección en que el sol nace, se pone y, creo recordar, alumbra el mediodía pero he olvidado los nombres que tienen esas maneras. La luz, transformada por las vidrieras de colores, alentaba epifanías en las almas, los nervios, de esos seres que quizá no albergaban nuestras dudas de Dios. Alguna vez el arte, y el oficio de los canteros lo era,  el arte y la religión se bifurcaron pero en su inicio fueron el mismo bosque. Como dice Robert Frost, en aquel poema que me dio a conocer una chiquilla alemana, Sofía, en Santo Domingo de la Calzada: <<Dos caminos se bifurcan en un bosque, / yo tomé el menos transitado / y eso hizo toda la diferencia>>

Las obras de Santa María prosiguieron hasta 1625 pero no se concluyó hasta 1715, siglo en el que se le añadió una estrecha torre barroca. Anexo al templo se emplazaba la casa-hospital que acogía a los peregrinos. Su singular espadaña domina el casco viejo.

No queda más, por hacer, que en ir en busca del emblema sagrado de los vascos, su Gernikako Arbola. Yo con Guernica tengo dos cosas largamente anteriores a esta tarde. Una vez, en mis escritos comencé a llamar a alguien así: Gernika. Lo hice porque entre nosotros la pasión era como una  perpetua ”ilogomaquia”, a veces caían proyectiles incendiarios del uno y del otro y hacían daño y yo misma era una guerra civil: hermana contra hermana. Fue entonces cuando descubrí que, a pesar de su grandeza, el árbol se había muerto, un poco como esta persona, que aunque de imponente aspecto exterior en el pasado, por dentro, más allá de su apariencia que todavía retenía incluso al ir envejeciendo, era algo sin raíces, sin porvenir de ramas y hojas, sin sabia, ya muerto. Entonces, frente a esta puerta, me perdono aquella relación con aquel ojos azules de pupilas increcientes.

En el campanario de Santa María, durante la guerra civil, se instalaba un vigía que tocaba arrebato cuando otro en la cumbre del monte Kosnoaga agitaba banderas rojas, y entonces todas las sirenas de cada fábrica comenzaban a ulular para alertar a la gente del inminente peligro del ataque aéreo, y lograr así  que el mayor número se pusiera a salvo yendo en busca del refugio. Dijeron que el objetivo del bombardeo de Gernika había sido el Puente de Rentería pero éste resulto intacto.

Y eso me transporta a una historia más antigua, y que sucedía en la misma época en que yo miraba el cuadro; y eso fue la lectura de ‘El otro árbol de Guernica’ de Luis de Castresana, uno de aquellos niños que partieron exiliados en el 37 hacia Bélgica y Francia. No lo olvido probablemente porque es una  historia de niños para niños de esa edad y adultos con sensibilidad; y además porque mi abuela me contaba, cómo había sido para ella, que era pequeña, cuando su hermana mayor, la mujer que vivía con los dueños del cuadro, había partido en un barco, también hacia Francia.

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<<Y pensó que tal vez con el tiempo él fuese escritor. Y se prometió que si llegaba a serlo, si era verdad lo que le había dicho don Segundo, que él podía ser escritor, algún día escribiría todo lo que les había pasado, todo. Y hablaría de Madamoiselle Tys, que era de Ninde-lez-Tremeloo, y del radiador y del hospital y de las gotas de tintura de yodo, y de cuando Tomás se meó en la cama, y de cuando Aresti les entregó sus ahorros, y de cuando él empezó a presumir para caerle bien a Montserrat, y de cuando llamaron  ‘el árbol de Guernica’ al gran roble del patio…>>

*fragmento del libro de Luis de Castresana

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Y quizá yo también pensé que algún día sería escritora y lo contaría todo, todo. Sólo que por mucho que hubiera narrado y escrito, pienso que, de ese modo, no me habría sanado por dentro, como comencé a sanar cuando dejé de escribir y hablé  sólo para usted, sólo en la intimidad, sólo siendo libre pero libre de verdad, con alguien bueno y cariñoso y caminando. Gracias, mi hermoso begiak urdiñak .*)

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