El Camino No Elegido

En busca de la estación de tren o autobús en Gernika

Posted in Camino del Norte by María Camín on agosto 2, 2010

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Continúo andadura. Es domingo, que no se nos olvide. Pronto detengo a otros transeúntes. Son un padre y una hija aunque las apariencias nos hagan plantearnos cualquiera otra alternativa. Ella se llama Anita, y es una chiquilla encantadora. Su madre oriunda de Costa de Marfil; su padre Iñaki me cuenta que durante ocho años luchó por tenerlas a su lado y hacerlas venir a España. Disfrutan de una complicidad muy especial y son ellos los que me acompañan hasta la inexistente estación de autobús (tal como yo comprendo el término); transitamos por las calles de Domingo Bernaola y Don Tello y lo que rodeamos es la Plaza del mercado hasta alcanzar Geltoki Plaza. No encuentro en la cabineta ningún responsable de los servicios que pueda indicarme lo que me planteo saber, lo primero  qué medio de transporte utilizar para conectar con Bilbao, donde pienso que tendré mayores posibilidades de enlazar con algún otro que me sitúe en Astorga.

Mari Asun va a ayudarme con lo segundo. Pero mientras ella llega  me siento al lado de un viajero que me da la espalda. La mochila en el banco pero diría que no es peregrino. Le supongo sudamericano, tal vez chileno. No hemos cruzado ni una sola palabra, él se está liando un cigarrillo de marihuana y a mí no me habría importado compartirlo con él (tres caladas a lo sumo) para intercambiar algunas impresiones. Intuyo que es un tipo peligroso. Pero, por favor, esto no lo digo porque sea chileno o sudamericano, sino porque el instinto me lo avisa y no tiene que ver con su aspecto sino con la onda qué emite. No está interesado ni en nada ni en nadie. Lo peligroso sería, en todo caso, buscarle las cosquillas. Pero es hacer una conjetura y es querer salir de lo equivocado del prejuicio. Lo más que hago es poner música yo, a Lhasa, la mágica musa, y escribir algunas notas, en espera de que alguien más amable se muestre amigable conmigo. Interesante el tipo debe de ser un rato pero Lhasa tampoco ha debido gustarle y se ha sumido, colocándose unos cascos,  en la emisora de su transistor. Son las cuatro menos veinte de la tarde.

Mari Asun llega, me levanto de mi asiento  y a ella le pregunto la razón por la que  en la cabineta no hay nadie, dice que ya es raro que se encuentre cerrada, y que con mi calzado, los zuecos, no me recomienda visitar el bosque pintado de Oma, en la zona de Kortezubi; dice que sería un craso error por mi parte… Decido hacerle caso y además tengo una cita prevista con la Casa de Juntas…

A Mari Asun no le gusta Gernika y opina que la Marimeta no pinta nada ahí dónde está pero a Mari Asun, oriunda de Gernika, no le gusta el euskera ni el batua, que es la primera noticia que tengo de este término, nunca ha sentido deseos de aprenderlo y asevera que jamás ha dejado que nadie le cambiase el nombre. Vamos, no es que yo quisiera hacerlo, es que ha sido así de taxativa en lo referente a su propia idiosincrasia y a la traducción del mismo.

Cuando una conductora estaciona en espera de sus usuarios me acerco a ella y la respuesta es que mañana en el mismo sitio. Y punto.

Hay un chino en esa misma calle. Lo digo porque hay peregrinos que los prefieren a cualquier otro menú o restaurante, como era Germán en Oviedo; aunque luego nosotros no dimos con él y acabamos comiendo en una sidrería próxima a la calle Oscura.

Por cierto y por si no ha quedado claro, tanto tren como  autobús, como la parada de taxi, aquí en Geltoki Plaza.

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