El Camino No Elegido

De los errores cometidos en el albergue municipal Aterpetxea en Guernika

Posted in Camino del Norte, de la memoria by María Camín on julio 31, 2010

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Era domingo. Desperté algunos minutos pasados de las siete, cuando Carmen comenzó a organizar sus cosas para irse, en el Camino suelo tener buen despertar, me preparo para ello, de Navarra, en la peregrinación por el Francés aprendí lo desagradable que puede llegar a ser cuando alguien no lo tiene. Ni recuerdo si nos despedimos pero habría querido darle un abrazo. Estaba algo destemplada porque esa noche la pasé con los pies fuera del saco, una sensación extraña, porque el ambiente estaba caldeado y no hacía ningún frío.

Me costó dar con la habitación cuando iba a acostarme, no me había fijado en el número y en la oscuridad -como se dice- todos los gatos son pardos. Ruth me ayudó a encontrarla, podríamos haber seguido conversando aún durante horas pero le hice ver lo tarde que era y lo temprano que inicia su jornada el peregrino. Un golpe que me heló la sangre despertó a Juan Bautista, toda la sangre se me fue del rostro, debí quedarme muy pálida; había sido yo al tratar de entrar sin hacer ruido, la puerta no tenía tope y era un paso más estrecho de lo previsible… ¿Qué hora es? -dijo mientras se incorporaba en la litera en un inquisitorial tono bastante molesto y con razón. <<Son sólo las tres pero duérmete, anda>>. Creí que iba a enfadarse conmigo y a cantarme las cuarenta a la mañana pero luego, aunque sí seguía molesto, la tomó más bien con las medidasdijo que ilegales de la habitación. Juan Bautista creo recordar que de oficio aparejador. Tardé unos minutos en comprender lo que sucedía. Me había olvidado de darle la vuelta al saco y éste había quedado del revés, en posición contraria a aquella en la que me acosté. Los hombros encajonados cuando cerré la cremallera y sentía opresión pero no se me ocurrió salirme y arreglar el hecho porque no quería arriesgarme a seguir haciendo enfurecer a Juan Bautista. Éste nos comentó una cosa –ibamos de regreso al albergue– que me resultó misteriosa: <<Los vascos estamos esperando la paz para el año que viene…>> Ruth me confesó haberse sentido desolada cuando ETA rompió la tregua y también fue así en el caso de toda la gente que conocía: sus parientes, amigos, vecinos…

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copia de las reclamaciones efectuadas por Juan Bautista

en la hoja-encuesta que nos piden que cumplimentemos

en el albergue Aterpetxea de Guernika

(yo califiqué con nota máxima a las integrantes trabajadoras del mismo)

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Con respecto a las reclamaciones efectuadas por Juan Bautista yo no estoy de acuerdo en lo último. Más limpieza, que la que la impoluta Anabel realiza e imprime, es imposible. Pero ella no tiene la culpa de que luego nosotros no seamos considerados.

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