El Camino No Elegido

De Arratzu a Gernika-Lumo con llegada al albergue Aterpetxea

Posted in Ajeno, Camino de la Costa, Camino del Norte by María Camín on julio 29, 2010

Según dejamos Elexalde atrás:

<<Seguimos el vía crucis hacia la ribera del Golako donde encontramos la antigua ferrería de Olazarra. Tras cruzar el río Golako un pequeño paso en el vallado nos indica el comienzo de la senda que asciende hasta el barrio de Marmiz. Una nueva pista parte de Marmiz para cruzar numerosos pinares siguiendo el antiguo camino que discurría por la ladera este del Burgogana. Son numerosas las pistas forestales que cruzan este camino antes de llegar al núcleo de Ajangiz, desde donde bajaremos a Gernika-Lumo siguiendo la carretera que llega hasta la que fue la antigua portuaria de Rentería. Tras pasar el puente, seguimos por las calles de San Juan, Ocho de enero y Andra Maria, para llegar al Ayuntamiento>>.

Gobierno vasco

Y éste debería haber sido la ruta que la peregrina de la mañana y yo tomásemos. Pero sé que ella lo eludió porque Gurutz se había cruzado con ella, identificable por su bolsa verde de plástico, a la una del mediodía.

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Cuando abandoné la Herriko Taberna eran las seis y cuarto de la tarde. El arco iris se dejó ver. Las viñas del txacoli acompañaban. Me detuve unos minutos con una paisana que solía andar ese recorrido todos los días, recuerdo que me habló de una ermita cercana que también solía frecuentar. En la fotografía aceptó posar de espaldas, de frente no, perfecto, como yo lo prefiero, señalándome la dirección. Al día siguiente volverá a pararse con otros caminantes, lo sé porque estos me lo contarán ya que les habló de mí, la mujer más sonriente que había conocido nunca. Llegaron los mismos a sellar al albergue juvenil, en Gernika el de peregrinos es inexistente, se fueron sin poder hacerlo, las instalaciones carecen de sello, y llegaron con una polaca que se les había unido precisamente en el guardián del Camino, el pino del que yo tenía la piña. A mí la polaca en cuestión, una mujer de mediana edad, me dejó a cuadros, cuando agarrando su falda me hizo una reverencia como si asistiéramos a un baile real; quise entender que era una princesa, su cabello se recogía en un turbante. No dijo ni una sola palabra y me turbó su actitud como pienso que antes no me había sucedido… Después de eso se fue sin despedirse de sus compañeros y ellos ni cuenta se dieron.

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<<La sonrisa ancha / la lluvia en el pelo / no importaba nada / ibas a encontrarte con él, con él… la vida es eterna en cinco minutos>>.

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Llovía y el sol castigaba los ojos, a mí a estas alturas poco me importaba mojarme, como si yo misma fuera a encontrarme con usted, canturreando el recuerdo de Amanda… El Golako transcurría sereno a mano izquiera, hasta que llegabas a un punto donde una construcción, como en tejado de pizarra negra típico del occidente asturiano, te hacía detenerte y suspirar. Evoqué, vaya usted a saber por qué, Covadonga y el lago donde se arrojan monedas a cambio de deseos… no pude resistirme. Pero esta vez atiné y no como en la katrapona de Getaria. También era más sencillo pero ya iba medio ciega, las lentillas envueltas en sudor de los ojos, había turba de tormenta, cuando casi piso a aquel sapo destripado, el paisaje era bonito incluso a pesar de circular por una carretera, que menos mal que  a esas horas no estaba muy transitada. El bar Olesko lo alcancé a las siete y pude arreglar lo mío con los ojos en el baño. Hice una llamada, intercambié algunas palabras con los parroquianos que en ese momento se disputaban las consumiciones jugando al mus. Debí quedarme un buen rato porque estaba cerca de Gernika y cuando me detuvo el caballero de la furgoneta daban las ocho menos veinte.

Éste tuvo un gesto increíble, se paró conmigo sólo para indicarme como llegar al albergue y regalarme un montón de chupa-chups, dijo que siempre que veía peregrinos repetía el gesto. Afable y dulce, encantador.

El refugio municipal a mano derecha si llegas como yo por la carretera, al pisar las afueras del Gernika urbano, tras pasar una circunvalación, si la memoria no me traiciona, de nombre Aterpetxea, en Kortezubi bidea, 9. Te abren desde el interior, una joven morena, sonriente y amigable, abierta, con muchas ganas de trabajar porque sólo ocupa ese puesto los fines de semana, me puso en las manos una tarjeta  que me daba acceso al mismo a cualquier hora, estuviera alguien en recepción o no; las normas se relajan cuando no se exigen credenciales. El coste de diecinueve euros, treinta y ocho en mi caso porque pagué por dos noches. Había decidido conocer Gernika en profundidad y no irme siguiendo a la peregrina de la mañana, aún a sabiendas de que era posible tomar el mismo autobús que ella a León.

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