El Camino No Elegido

El trayecto de Markina-Xemein a Iruzubieta

Posted in Camino de la Costa, Camino del Norte by María Camín on julio 15, 2010

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Salgo caminando detrás de una pareja con un niño, ellos cruzan yo continúo paralela a la carretera, se tiene una vista privilegiada de la cantera, recuerdo lo que Agustín me contó de este mármol negro de Markina, mundialmente reconocido… Nosotros, piedra de Markina hemos visto antes en el Camino, en la ‘Estela a Madoz’ en Zarautz.

Las señales nos desvían por una pista asfaltada, que está perdiendo su pintura rojiza; sin embargo hay lindas flores muy rojas en unos arbustos, una de mis lagunas es no conocer sus nombres para poder compartirlos; se atraviesa un pasaje subterráneo y la pista recupera su impostado color. Me detengo con unas mujeres que encuentro sentadas en un banco, siempre la gente tan interesada por el miedo.

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Es dejarlas, mirar no sé por qué al suelo, y llamarme la atención un círculo de cobre, que al recogerlo hace brincar de gozo a la niña interior. Yo no poseo sortijas, no desde que descubrí lo que éstas significaban cuando tengo catorce años pero ella algún día supo que el distintivo de  Mab, esa  mítica reina de las hadas a la que Shakespeare nos conduce…

<<…Llega en forma no mayor que una piedra de ágata, en el día índice de un regidor, arrastrada por un tiro de bichitos>> Así que tengo que encontrar una sortija -dijo entonces…

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La pista de nuevo nos ingresa en la carretera.  Un concesionario de motores, un camión rojo. Un hombre, que conduce una ”furgoneta”  de la misma gama cromática, ha decelerado el vehículo y se me ha quedado mirando, sus labios en movimiento como si se dirigiera a mí.

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Alcanzo la ermita de Nuestra Señora de Erdotza, del siglo XVI y a la que me acerco porque con gusto sería éste el lugar en el que detendría por algunos minutos el tiempo; llama la atención su  tejado saliente, de dos aguas, con alero jabalconado. Erdotza es uno de los 12 barrios de la merindad de Markina pero el interior de su ermita, como era lógico, inaccesible.

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El humilladero en euskera recibe el nombre de Santutxu.

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Se nos desvía hacia un polígono. La pista se torna otra vez rojiza. Me he inquietado porque aquel hombre, el que hizo gestos con la boca y redujo la velocidad,  me doy cuenta de que me está siguiendo, aparca a cierta distancia, sale del coche, me hace alguna seña, no le hago caso; no sé dónde habrá dado la vuelta pero  ha vuelto a cruzarse conmigo por un paso estrecho, puente kareaga, he fingido que hablo por teléfono mientras clavo la vista en su matrícula y pongo mala cara, Mi abuelo decía que la cara guarda al cuerpo.  Me preocupo aquí porque ya voy a tomar la senda de tierra y es mucha la soledad.

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Lo primero en lo que me fijo es en un chamizo destartalado y con distintivos del  Camino de Santiago, voy con el corazón todavía en un vilo pero no he regresado a Markina para que por dos veces se me aborte la belleza de un tramo en la que la misma se subraya.  Flores malvas,  la esencia del alivio.

El Artibai,  río de encinas, deja escapar un murmullo de aguas cantarinas y dulces; nace éste en la ladera norte del Oiz y va a desembocar en Ondarroa, formando su ría. Hasta ahora, los ríos que habíamos conocido nos habían hablado desde sus desembocaduras. Nada puede haber más mágico -siento- que discurrir por la vereda del curso de un río.

Raíces, diría que son de alisos. Éste árbol siente predilección por los suelos húmedos y su madera es capaz de resistir muchos años sumergida en agua. Ahora una flor amarilla.  Luego aquel rebaño de ovejas detrás de la pastora o la dueña.

Las terrazas del Artibai son mano de obra humana. Una bicicleta oxidada, unos perros luego pero detrás de una verja y cuando divisamos a lo lejos el breve núcleo de Iruzubieta.

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Otro de los barrios de Markina-Xemein, aquí fueron halladas monedas romanas y hachas de bronce que atestiguan asentamientos humanos de cuando aquellos pobladores vivieron en esa edad.

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Voy sudando y con sed y me detengo en el bar de Alasue, Milagros en castellano, el Zubiondo; ‘zubi’ en euskera sé (o creo por Zubiri)  que quiere decir puente y ‘ondo’,  en topónimia, significa ”junto a’ . Son las seis y diez, he tardado una hora en andar estos tres kilómetros. Unos estaban hablando de la pelota vaca.  Había olvidado citar a Markina-Xemein en este sentido, en el que tantos de sus pelotaris han destacado, la otra cantera de reconocido prestigio,  y que le ha hecho ganarse el calificativo de <<la universidad de la pelota>>.

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Una respuesta

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  1. María Camín said, on julio 15, 2010 at 7:19 pm


    La salida de Guipuzcoa y la entrada en Vizcaya o de Deba a Zenarruza


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