El Camino No Elegido

Del momento social en la larga y dura jornada de los peregrinos

Posted in Camino de la Costa, Camino del Norte by María Camín on julio 12, 2010

Cuando retorno a la habitación a reunirme con Emilio sé que he logrado eso tan imposible que es que la mujer exuberante que he sido regrese por unas horas. Me he peinado la melena, la he recogido con una diadema, me he maquillado levemente, me he vestido con una camiseta ceñida y el pantalón que también lo es de color negro. Me acordaba de Rosa en Orio y lo que me dijo: ¡Qué guapísima te has puesto! Emilio dice que le cuesta trabajo reconocerme, que deslumbro pero lo dice sólo aún por el físico, y es que con el cambio de aspecto también puede transformarse la personalidad de una mujer. No soy ahora la peregrina, la compañera del Camino, soy la ciudadana de mi misma. Cuando regresamos al bar los peregrinos que han hecho noche conmigo en Deba, también estaban entre los presentes, se han levantado y con grandes aspavientos de alegría, no fingida, porque ha sido una sorpresa, han abierto sus brazos y me han recibido; ha sido genial eso y no me lo esperaba dado como recordaba la despedida matinal. Esta vez todas las miradas se han vuelto hacia mí, aunque ya no eran tantos en número, luego descubrí que pertenecían a un grupo que estaba de ”ejercicios espirituales” en la hospedería de los monjes pero no me ha importado en absoluto, es más lo esperaba, regresar a mi pequeña e intimidada yo al lugar en el que debe sentirse, segura de si misma. Hay quien nunca entenderá que una mujer cuando se recompone lo hace por y para si misma. Aunque a veces sí te has embellecido porque el deseo romántico por alguien te alumbraba, y querías, en tu turbación, que ese alguien te descubriese lo más bella posible pero de todo ese pasado es, en el climaterio, de aquello de lo que quieras o no quieras te tienes que comenzar a olvidar. Y sin embargo cuando pienso en usted sé que me verá por mi misma, por mi alma y por mi mente, y con independencia del aspecto envejecido con el que me presente, porque he llegado a Ser para usted. O todavía necesito creerlo, que aunque nos lluevan los años encima seremos esa cosa tiernísima que abrazamos con dulzura en los dos.

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Presento a Emilio a mis amigos el belga y el francés, y les comunico que pueden conversar con tranquilidad en inglés con él. <<Lógico -responde Aimé. Es hombre>>. Me ha dejado patidifusa con su salida. Luego en Gernika cuando unas alemanas mencionen el machismo proverbial de los belgas, me acordaré de esto y no podré quejarme de lo injusto que es encasillar a las personas en estereotipos. Amets estará de acuerdo, porque tuvo por novio a un belga y también en su caso éste se comportó así. Y por adelantarme a aquello del conocer a Amets… porque no podré contarlo cuando se acerque el momento… Todavía me estremezco cuando recuerdo como la agarré de la muñeca y percibí unos extraños bultos en ella… Por ese novio llegó a cortarse las venas. Siempre, siempre, creo que llevaré la muy dentro de mí y los momentos de confidencias que compartí con ella y cómo la luche, aún a sabiendas de que quizá todo lo que dije nunca alcanzará el lugar propio de la consciencia a tiempo, a tiempo… de no perderlo más…

Pero estamos ahí los tres, Emilio y yo con un rioja y Aimé y Christian con cerveza, animadísimos, contándonos las peripecias de la jornada del día, Emilio el cómo se preocupó por mí, por culpa del estado del Camino y claro, por ser yo una mujer, y es cuando recibo una llamada insospechada, porque… ¿a cuento de qué -pensé- esta persona me llama ahora? Sí que respondí entonces, y sí que un mal presentimiento se me pasó por la cabeza. Hilo otra cosa aquí de la que tampoco más adelante podré hablar… Estoy un albergue y el hospitalero se ha hecho una idea equivocada mía. Ha querido pensar que yo era uno de esos seres maleables que de lo que van en busca o necesitan… En fin, esas cosas que se les pasean por los peregrinos pensamientos a algunos, de que la mujer es ese ser débil que necesita la fortaleza de un hombre. Cuando era ridículo, realmente sí, que aquel tipo pudiera plantearse que era siquiera más hombre que yo. Y es que nos miran a las tetas o la curva de las caderas pero no terminan de entender que la grandeza está en la voluntad del ser y que eso no tiene sexo, y si lo tiene puede ser intercambiable. Es decir, yo me siento mucho más hombre que la mayoría de individuos de sexo varón que conozco. Pero me siento así en el sentido al que el Maestro judío se refería, cuando hablaba del mejor hombre u hombre perfecto que todos, con independencia del sexo en el que hubiéramos nacido, podríamos, con nuestro esfuerzo, ser. Ahora bien, amó a un hombre femenino, en cierto sentido sí. Porque el alma… umm, el alma, la sensibilidad. ¿Tú has visto esa cosa que es un niño cuando es pequeño? Al poco intervienen los padres y los llevan al fútbol y les alientan a ser muy machotes, esos mismos que tienen la fobia que tienen, por la grandísima confusión de la que nunca se han librado. Y es una pena, es una pena que se les diga a los niños que llorar como nenas no esta bien. Bueno, y yo que voy a decir si soy una mujer que apenas ha llorado en la vida. Es decir, llantinas no pero humedecérseme los ojos por la emoción de algo muy emocionante, multitud. Siempre que eso sucede.

Han completado nuestro grupo los navarros que tenían mesa reservada. Y ha sido estupendo. Un rato muy agradable. Luego Emilio y yo nos hemos despedido también del belga y el francés, que iban a acostarse temprano según su costumbre y hemos pasado, nosotros también, al comedor.

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Una respuesta

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  1. María Camín said, on julio 12, 2010 at 1:44 am


    La salida de Guipuzcoa y la entrada en Vizcaya o de Deba a Zenarruza


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