El Camino No Elegido

En busca del collado de Gorostolamendi, muga entre Guipúzcoa y Vizcaya

Posted in Ajeno, Camino de la Costa, Camino del Norte, de la memoria by María Camín on julio 10, 2010

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Pero digo esto y, cuando hemos andado algo más de siete kilómetros desde nuestro arranque en Deba, los mismos tres del bar nos adelantan con su ligero andar sin carga y yo le hago una seña a Emilio y me voy disparada tras ellos. Ha sido esto porque algo en mí se ha molestado, como un picarse, porque otro le ha puesto el turbo a su vehículo y te sientes vacilada. En un cruce, hemos tomado la pista de cemento y grijo que discurre paralela a un riachuelo. Creímos -me dicen- que viajabais juntos. No, nos hemos conocido hace un par de horas. ¿Y tú andas sola? Sí pero espero por la llamada de una amiga que tiene que reunirse conmigo. Esto pensando en ella, porque aunque al principio no les he visto posibilidades, a Daniel, de pelo blanco, le aseguro que yo, para mí, los tengo muy descartados. Luego pienso que Jesús me encantaría como hombre que ella debiera conocer. Es el día, en el que OM tiene que llamarme u olvidarse de mí para siempre. El tercero de nombre Leo, de Leonardo, son navarros, de Pamplona, los Gaintza, me dicen que eso significa <<los de arriba>>, y a medida que una habla con ellos, van gustándole más. Sobre todo porque Jesús tiene una sonrisa dulce y bella. Menudo susto que le he dado a éste, al elegirlo como posible, que es el que peor marcha cuesta arriba y parte del trayecto, en descanso, lo hace de espaldas. Luego una ha oído hablar tanto del Arno por las guías, Jesús se sirve de alguna, hojas fotocopiadas, dice que a él le gusta conocer qué es exactamente lo que le espera por delante, que cuando se enfrenta a este perfil de la revista emitida por el gobierno vasco, duda bastante de que en realidad haya sido así.

Al final yo me quedo casi en las primeras rampas. Doce kilos sobre una son doce kilos sobre una. Leo sí lleva mochila pero más bien una vacía y más bien para guardar dentro el chubasquero y la botella de agua. Me ha dado esto un poco de coraje pero qué demonios de coraje si hay que pararse cada cien a metros a tomar oxígeno y profundo respirar. Además no tengo excusa porque aquí vienen, por detrás, otros dos mochileros que en cuatro pasos la han perdido a una de vista. Y no sé qué me sucede aquí pero son los únicos momentos negros o aciagos del viaje. Supongo que sucede porque yo si conozco la determinación que he tomado, y ella es quién ignora que su juego sucio y sus tretas de victimista finalizan aquí conmigo.

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SHIBUMI

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Cuando las dos tenemos veinte años, una tarde estamos, nos hemos conocido en el curso de ese instituto nocturno, hablando de correr una aventura, de irnos de viaje y dejar nuestras limitaciones y temor al margen. Y ninguna es lo suficiente valiente para animar a la otra a tirar hacia adelante. Yo esto con los años entiendo que fue fatídico pero ella sigue siendo la misma, yo también, aquella que conoce el futuro porque ha vivido lo bastante para verlo suceder. Entonces pido luz, aquí  en esta ascensión, hasta que alcanzo un estado de shibumi, donde todo es quietud y armonía interior y en mí presiento que después de este día lograré que se aloje, con respecto a ella, por fin, la paz.

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Los bosques en primavera renacen a la vida, con sus hongos, sus musgos, sus esporas. Ese oxígeno que respiran los árboles puede mantener la temperatura ambiente cinco grados de frescor por debajo de lo que no es el bosque. Los bosques confían en la brisa y en el viento para que esparza sus semillas. La reproducción se realiza con esta complicidad. Una flor es algo que necesita de un insecto para realizar este proceso de la polinización. Yo como insecto muero para ella.

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Gostorolamendi, collado línea divisoria entre Bizkaia y Gipuzkoa. Han comenzado a ladrar unos perros, han estado ladrándoles con fiereza a los que por delante de mí andan unos diez minutos. Aquellos con las mochilas, he visto, como más atrás, se iban por otra pista. Imagino que hacia alguna casa rural. Cuando yo llego a estos perros me enfadan porque me quiebran la armonía e inmediatamente les levanto la voz y se han quedado más mudos que el cielo.

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He bebido del manantial, me ha sabido ese agua riquísima. He rellenado la botella. Cada imagen tomada supone una pequeña detención. A lo lejos distingo a la comitiva de los navarros cuando el terreno se presta a ello. Unos quinientos metros de retraso Luis con respecto a los otros.

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El caminante gira a la izquierda y atraviesa plantaciones de coníferas y eucaliptos, <<rodeamos Jangoikomendi para descender a otra pista cementada que tras pasar junto al caserío Damukorta, nos conduce hasta el caserío Arnoate>>.

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Una respuesta

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  1. María Camín said, on julio 10, 2010 at 1:01 pm


    La salida de Guipuzcoa y la entrada en Vizcaya o de Deba a Zenarruza


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