El Camino No Elegido

De caseríos y parajes idílicos que guardan los perros astutos

Posted in Ajeno, Camino de la Costa, Camino del Norte, de la memoria by María Camín on julio 10, 2010

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Cuando hemos alcanzado Arnoate hemos caminado 12,5 km. Entonces es cuando en verdad te deslumbra la pureza del paisaje y has hallado el instante en el que te quieres detener, entre la belleza, a descansar.

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Piensas qué paraje tan idílico y te diriges a ese apacible perro con un encantador saludo, el cual, con la lengua rebosante, te ha dedicado una mirada casi desinteresada y tú avanzas con confianza hacia el banco encantado, que es como un sueño hecho realidad pero maldición, en cuanto has cruzado la línea fronteriza de la distancia de ataque del guardián, se ha lanzado sobre ti con fauces y colmillos amenazadores, que te han hecho rezar para que la cadena que lo sujeta resista semejante ataque de furia. Al final has tenido que desistir, porque por mucho que has intentado tranquilizar al que ladra y salta no ha habido manera y detestándolo, porque te ha estropeado, decididamente sí, la sobremesa sigues andando con la esperanza de encontrar ya cualquier lugar, tienes vacío en el estómago y además te acuerdas de la llamada que le hace el hijo al compañero peregrino y comienzas a preocuparte por él.

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Así que encuentras un tronco, donde te cabe el trasero y mientras desalojas tus tripas, el oído pendiente del ladrido del perro, haces tú lo propio, una llamada, donde alguien te pregunta si tu amiga ha dado señales de vida, y respondes no, y respondes que después de esa conversación vas a comer ahí y vas a desentenderte del teléfono, en medio de ninguna parte, en el monte, y han transcurrido unos quince minutos y mientras hablas ha llegado el compañero.

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Y le ofreces la mitad de lo que tienes, que es lo mismo que te sobró de la cena de ayer, más ese trozo de bizcocho del desayuno, y él te dice, lo primero: <<¡Uy! Muy dadivosa me pareces tú a mí>>. Y te ha tomado por una infeliz que confía demasiado en todos, y tú le aseguras que no, que sabes cuidarte bien. Pero de todas formas él sí confía en la guía y te asegura que ya lo que os queda por delante es sólo un bonito paseo, y además en descenso, que en dos horas, como mucho, nos vemos en Markina para el café, dónde él piensa comer. Pero a mí no me anima la perspectiva y son las 13h45 cuando registro ese encuentro.

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Luego lo dejo irse y me sacio y me siento feliz. Como con Lhasa, <<Te quiero amar, te quiero amar…>> y no llego a comprender como ella, la amiga, puede dudar en afrontar una experiencia así, que te regala con momentos de gozo y satisfacción plena como estos.

Cuando hemos alcanzado Arnoate, a cien metros de este caserío <<tomamos un desvío a la derecha que nos llevará bordeando la ladera por pistas forestales entre pinares hasta el caserío Sakoneta>>.

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Una respuesta

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  1. María Camín said, on julio 10, 2010 at 2:43 pm


    La salida de Guipuzcoa y la entrada en Vizcaya o de Deba a Zenarruza


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