El Camino No Elegido

De la piedra septaria y el anochecer de los sueños en Deba

Posted in Camino de la Costa, Camino del Norte, de la memoria by María Camín on julio 7, 2010

Comencé a preguntarle por la piedra septaria a cuanto habitante se cruzó conmigo. Nadie tenía idea de donde pudiera estar. Me parecía increíble que no fuera a ser capaz, antes de irme, de dar con ella. Regresé al albergue, dos seguían siendo los que habían llegado pero no estaban allí, me cambié de calcetines, éstos no iban a secar.

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Seguí deteniéndome por la calle con cuanta persona quiso detenerse conmigo, ni rastro. ¿Dónde podría estar? En la Zaharra, frente a la fuente, había una librería, compré un sobre para enviar el nuevo exceso de equipaje, lo que la funcionaria de la oficina de información y turismo puso en mis manos, pregunté aquí por la piedra y tampoco el buen hombre me supo dar razón, sí de uno de los pintores, Treku, me dijo donde tenía la peluquería su madre, pensé en acercarme pero luego lo desestimé, regresé al estanco, el dueño me reconoció y se alegró de verme, pesó el contenido de mi sobre, pegó en él dos saxofones de cuarenta y cinco céntimos cada uno y un euro de rey de España. Dije eskerrikasko, se me atragantó. Hay que vencer un sentimiento de difícil expresión cuando comienza a balbucearse una lengua desconocida. Es como si nos reencontráramos niños en esa vulnerabilidad de nuestros primeros balbuceos, torpes. Pienso que el dueño seguirá reconociendo a esa peregrina aunque pasen muchos años, y que la peregrina no lo olvida. Era un hombre calvó con unos ojos de comprensión profunda. Sentirse torpe y comenzar a aprender es una sensación muy recomendable.

Hay una mujer en un libro, ella se hace ser leída. Primero descubrimos que de un adolescente, ella le descubre el amor, luego cuando ella lo ama se da cuenta de que comienza a sufrir, y huye de ese sufrimiento, él se hace mayor y comienza a enamorarse de la juventud, y sin embargo él no encuentra nunca ese olor de ella, ese erotismo de ella, en las otras mujeres. Él un día se reencuentra con Homero y yo me reencuentro con Homero a través de mi infancia y lo comienzo a leer desde aquí. El alma de Patroclo visita en sueños a Aquiles. Ella, no la olvidemos, es la que se hace ser leída luego por mujeres encarceladas en un campo de trabajo versus exterminio. Toda ellas morirán calcinadas en una iglesia, porque las guardianas no son humanas, se rigen por las normas, qué son las normas, leyes de ese mundo religioso del materialismo. Dogmas de fe, las normas, dictaron que no se abriera la puerta y esta mujer está siendo juzgada por ello, las compañeras le echan la culpa, porque ella era la que se hacía leer y tenía favoritas. El muchacho escucha esto angustiado y llega a conocer su secreto, la mujer es analfabeta. Si lo dice la salva, si lo calla la condena.

El segundo libro que me afectó y de Kundera hablamos ahora, fue <<El libro de los amores ridículos>>, el que me reconfortó con la idea de la mujer madura, <<La inmortalidad>>. Pero a Kafka lo comprendí en la relación con su oficina cuando alguien me hizo sentir su <<Arte de la Novela>>.

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Eran las seis y media cuando me senté en la esquina de la ventana del bar Aitor. Escribí: curiosamente los sellos son saxofones y aquí se escucha jazz, los paralelismos siguen existiendo y recordé entonces la conversación con aquella peregrina en Olveiroa. Ella tenía un mechero en la mano de color azul, tomó el que yo tenía entre las mías y los comparó, eran iguales, y habían consumido hasta la misma cantidad. Ella me hablaba de la importancia que algunos le damos a ese tipo de señales, pensé entonces que nos fijamos en cosas muy nimias con tal de ver e interpretar señales como señales y pensé que el jazz y los saxofones de mi carta eran lo mismo, y pensé en Luis un par de veces. Porque a Luis le gustaba el jazz y me había hablado de la metáfora del río y el fondo del río, de Miles Davis y de sus músicos. Pensé claro, en Rayuela. Donde yo debo ser de los pocos que no se han enamorado de la Maga. Si no has leído Rayuela, tienes que leerlo. Yo no era Pola. Cortazar decía que existían los lectores hembra.

Me levanté hasta la barra y me dirigí al dueño, Xabi Deba, tampoco aquí se había oído hablar de la piedra septaria pero sí de Zamakola, el pintor, que precisamente era su primo. Aitor buscó su correo, no dio con él. Le dejé el mío por si el primo quería ponerse en contacto conmigo, media idea de que regresaría a Gipuzkoa comenzaba a pasearse por mi cabeza. Me hizo sonrojar con su halago. Me gustó ese sonrojar que supo hacerme.

Entré en la charcutería de la calle. Compré proteínas. Me despedí con un eskerrik asko. Me lo agradecieron con anchas sonrisas, se rompió igual la armonía de la palabra pero se agradeció el esfuerzo. En la boutik del pan, una pequeña barra cubierta con semillas de sésamo, muy cara pero luego se descubre que esos carbohidratos enriquecidos merecen la pena. El utilizar una palabra vasca a modo de despedida incrementaba mi felicidad. Recordé la sensación de la primera vez que me atreví a cruzar un saludo con una afectada por el síndrome de down, el como todas la tardes hacía, luego, por cruzarme con ella para recuperar esa sensación de contento interior. Y como así fue como me vi conducida a una de las experiencias más gratificantes de mi vida, que es trabajar con estas personas por varios años, y crecer a través del contacto con ellos. Ese fue otro paralelismo pero en la índole de lo emocional. No integramos aquello que nos han aleccionado para que temamos o desconfiemos de ello por ser diferente y no acabar de estar sujeto a las rígidas normas del Sistema. Tú a un chaval de estos no puedes impedirle que se te acerque y te toque, ellos se manifiestan, ¡Uff! -dijo una con reparo cuando me vio besarles un día, yo no puedo dijo, yo no podría. Y sin embargo puede perdirle a su niña que rebusque en el derecho a la intimidad del hermano. Tú a aquella niña, en ese momento, le dices: ¿Y a ti te parece que está bien hurgar en el cajón de otros? ¿Te gustaría que te lo hicieran a ti? Y su madre ya no te lo perdona en la vida pero con suerte la niña recuerda lo avergonzada que entonces se sintió y eso genera decencia. Si alguien espera lo mejor de ti y te pide que no cambies nunca y te dice que eres su bendición y que le regresas la fe en el Mundo, a ti esa experiencia emocional tan rara te marca y tu futuro ya se ha encaminado en la dirección de la bondad. Es el perfecto Camino para que las simientes que todos portamos dentro realicen su programa, y eso tiene sentido. Si tú a un suelo no lo riegas, esperas y verás evolucionar la aridez y la sequedad del desierto a través de él, el resquebrajamiento del terreno, y nunca el arima de la fertilidad suceder. Moléculas dependientes unas de las otras: el cloro, el sodio, el hidrógeno, le oxígeno, los nitratos… Hay lugares en el globo que no conocen las estaciones. En el niño humano esto ocurre en el maltrato, y considero maltrato comenzando por aquellos niños nacidos y luego nunca más mirados para ellos, en lo que les gustaba enseñar de si mismos. Las creatividades sofocadas. La mentes sofocadas, narcotizadas, idiotizadas con la televisión y las consolas, embobadas ignorando a la vida pasar por la realidad de ellos y dejándola pasar, mientras los padres beben, como tónica, y se consuelan desarrollando gratificantes relaciones virtuales, que a menudo les acarrean esos disgustos e insatisfacciones tan incomprensibles, y cuya onda inarmónica expanden por sus hogares. Estar lejos de esto que hablo, es lo que a mí me ocurre en el Camino. Darme cuenta de que algo está marchando muy mal en nosotros, en una humanidad que no termina de emanciparse.

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Regresé al refugio la lluvia no había cesado. Dentro un belga, Aimé, y un francés, Christian.

Me comí la mitad de lo que había comprado, ofrecí, a ellos no les apetecía, ya habían cenado, tomaban una cerveza a la que me invitaron. Yo tenía la mía propia. Intercambiamos direcciones, les indiqué, sobre el mapa, el monasterio que como refugio hospitalario se mencionaba en la lista de la pared. Apagaron las luces en seguida, antes de las nueve.

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Yo logré, entonces, inmortalizar a ese esquivo tren. Me acosté tan pronto como lo hice. Si todos hubiéramos hablado la misma lengua las luces, por lo menos, se hubieran apagado una hora o dos después. Pero no nos entendíamos con fluidez y no hemos sido educados para permanecer en silencio y dejar expresarse a lo que es verdaderamente inteligente, que es nuestro programa genético. Quizá verdaderamente los conflictos se hayen en la raíz de nuestros logos, y la forma de solventarlos sea aprender a comunicarnos a través del silencio, para permitir que no sólo el oído, o los ojos, o el olfato, nos impidan entendernos. No hablo de saliva, dejo al beso fuera de ello, hablo de contacto humano, del contacto de las yemas de los dedos con las yemas, con la superficie epitelial de nuestras palmas, versus anversos, pero ese es el tabú, que todo nos impide tocarnos y abrazarnos como hermanos. Y ya comienza por suceder en los propios hogares. Y eso es lo triste, que seamos cada vez más máquinas y entablemos relación con las máquinas y a través de las máquinas, en detrimento de la Naturaleza y de nuestra naturaleza animal. La luna está aún diantres de bonita. Aullo, antes de retirarme, poemas de Panero.

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3 comentarios

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  1. María Camín said, on julio 7, 2010 at 8:51 am

    DUB FX FLOW de camino a Deba desde Askizu


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