El Camino No Elegido

Las confidencias de las libélulas

Posted in Camino de la Costa, Camino del Norte, Uncategorized by María Camín on junio 29, 2010

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Como fuera Zuri me ayudó a modular mi nivel -pienso- de justificada indignación. Me contó que durante siete años gozó de Londres y su cosmopolitismo pero que en los últimos meses, los problemas de salud de su padre, la habían devuelto de regreso a Deba, me contó que se sentía desplazada a todos los niveles en un sitio permanente, donde ni las antiguas amistades quedaban o no le atraían lo suficiente, y sobre todo insistía en que esto que le estaba sucediendo, no se lo podía creer, el haberme conocido a mí, el no entender porque yo permanecía mojándome y sin acceder a las gradas para resguardarme de la lluvia, que el Camino fuera una experiencia recomendable, que en lugar de encontrarse conmigo pudiera conocer a otros muchos más vitales que yo; presentí que cuando Lee se presentará éste iba a entusiasmarle, creo que tenía algo de eso que les resulta atrayente a algunas hembras, aunque a mí no. No son las caras bonitas lo que me despierta las ganas de ir algo más allá, es la conciencia, el criterio y la verdadera sensibilidad, algo impregnado de lo sutil y con la marca estigmática de la rareza, ese conjunto de caracteres tan escaso, tan poco probable que haya logrado mantenerse intacto, puro, hermoso como la inocencia. En esto una llamada, es el hombre que me había ofrecido su casa, se interesa por mi situación pero también dice que mi bitácora es muy extraña, tan extraña como pueda ser yo, es una manifestación mía, sólo que él ha entrado en contacto con mi lado peregrino en la calle, y ni siquiera se imagina quién o cómo soy. Yo, lo cierto, es que reconozco que engaño bastante aunque nunca es lo que pretendo, sí mi manía, mi pecado, es obstinarme precisamente en la franqueza y en la sinceridad. Engaño porque mi aspecto puede ofrecer una imagen equívoca de mí, de una vulnerabilidad de la que en cualquier caso carezco, y eso desde siempre, para los que no fueron los míos, que no se corresponde con mi dura realidad; le digo que todavía no he podido acceder a un aseo y lo libero de la obligación de hacer un comentario. Estoy sólo a unas horas de que esa amiga tenga que darme una respuesta e intuyo que, cualquier frase que él pudiera dejarme, no la inclinará de forma favorable. Los últimos granos de arena se vacían en la clépsidra, y mis motivos, para pedírselo, se acababan ahí. Uno en tránsito es alguien en tránsito, alguien que no pretende convencer, que no pretende, o por lo menos yo. ¿Qué he venido a Conocer para describir? Sí, hace años que entre mi alimento esa resultó ser la mejor alternativa, la que más me satisface de una manera íntima e instintiva; en su momento no estuve de acuerdo con las cosas que narraba, no quería quedarme ahí, los paisajes me llamaron entonces, la ciencia de las gentes, lo que no somos a pesar nuestro, lo mejor y lo peor, quería un sendero de evolución, atravesarlo, dejar huella para mi misma, mi constancia, mi tenacidad, mi aferrarme con garra a eso que no era la carne; en la peregrinación del año anterior me disgusté conmigo, por mi forma de realizarme, de vivirlo, esto era un perfeccionamiento y como aspiración. Pero esa llamada, este hombre, logra efectuarla porque antes me ha pedido el número; he dudado porque no me gusta recibir llamadas pero al final se lo facilité. Meses más tarde, voy a lamentarlo, que es lo triste, porque entonces él ahonda y me conoce como sólo existo para usted. ¿Y eso qué significa? Que me empeñé en ser la bendición y no lo maldito pero no advertí que la maldición continúa en mí. Es decir, no se comprende, si no duele, esta ausencia de sentimientos en general, lo poco emocional o emocionante que soy. Por eso la Red es un peligro, refugiarse en ella, se admiten las mentiras. Algunos, quizá la mayoría, por protocolo, yo no, no los soporto. Hoy querría que aquel teléfono no siguiera recibiendo llamadas anónimas, más que nada porque no era ni es mío. ¿Se admite divagar en este monólogo que no leerá casi nadie? Entonces pienso en la pequeña Xelles y me consuelo, por lo menos ella aprenderá un poco de todo esto, porque al menos ella si cuenta con esa capacidad. Ahora, lo afirmo, sólo tengo un Sentimiento pero ese sentimiento es como un ojo, aquel que todo lo ve. Si percibo el Mundo por ese ojo, y Le Mat sabe mucho de esto último, puedo comprenderlo pero comprender las cosas no es comulgar con lo inaceptable. He sido radical en ese aspecto, y entonces me resulta difícil creer que alguna vez se de la probabilidad de que me preste a ser comprometida en aquello en lo que no me deseo comprometer.

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4 comentarios

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  1. María Camín said, on junio 30, 2010 at 8:01 pm

    DUB FX FLOW de camino a Deba desde Askizu

  2. Peio said, on julio 1, 2010 at 7:07 pm

    Uno desearia tragarse sus impulsivos comentarios,
    sus impulsivos actos,
    sus impulsivas palabras,
    comentaba y actuaba desde el desconocimiento,
    lo siento,lo siento mucho.


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