El Camino No Elegido

Del ir en pos de lo incalificable (San Sebastián – Donostia)

Posted in Ajeno, Camino de la Costa, Camino del Norte, de la memoria by María Camín on mayo 29, 2010

Antes de la ocultación

Comencé a cantar entre dientes por obedecer en la oscuridad absoluta que no había hasta entonces conocido, la vieja canción del agua todavía no nacida, confundida con el gemido de la que nace; el gemido de la madre que da a luz una y otra vez para acabar de nacer ella misma, entremezclado con el vagido de lo que nace, la vida parturienta. Me sentí acunada por este lloro que era también canto tan de lejos y en mí, porque nunca nada era mío del todo. ¿No tendría yo dueño tampoco?

La música no tiene dueño, pues los que van a ella no la poseen nunca. Han sido por ella primero poseídos, después iniciados. Yo no sabía que una persona pudiera ser así, al modo de la música, que posee porque penetra mientras se desprende de su fuente, también en una herida. Se abre la música sólo en algunos lugares inesperadamente, cuando errante el alma sola, se siente desfallecer sin dueño. En esta soledad nadie aparece, nadie aparecía cuando me asenté en mi soledad última; el amado sin nombre siquiera. Alguien me había enamorado allá en la noche, en una noche sola, en una única noche hasta el alba. Nunca más apareció. Ya nadie más pudo encontrarme.

Zambrano, M.: Diotima de Mantinea en Hacia un saber sobre el alma, Madrid,
Ed. Alianza, 1989, p. 196

(vía: A MEDIA VOZ )

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Yo soy esta misma que va dando sonámbulos pasos a su lado, los tumbos los aparté, fui visualizándolos uno por uno, a uno, como lo más despreciable, todos los que había dado vinieron a mí, nada escapó al juicio de la conciencia,  una madrugada insomne tras otra, lo denigrante del ser, como el residuo pobre e infame de la desesperación, yo soy esta misma, la que ignora pero no que no quiere deambular en busca de la atracción del hombre que se atraca de jamón. Y eso era lo que hacíamos en el barrio viejo donostiarra, perseguir a <<The Greek>> a la caza de una de esas barricadas escénicas, hasta un local que recordaba y no; como si no supieran preguntar, como si nadie les hubiera enseñado, yo escuchaba y de mí surgían pensamientos como esos, anhelos poéticos del claro del bosque, tan distantes de la hipocresía y la vana superficialidad, tan próximos al amenazante delirio pero aún así permanecí con ellos. <<Tiene que estar por acá>>. <<Pero por aquí ya hemos pasado dos veces, ¿no te sirve cualquier otro bar?>> <<No porque es que en ese lo vais a comprobar vosotros mismos, el gordo no deja de cortar y comer jamón, por cada cuatro lonchas que taja, se jala tres y el plato del cliente no se llena nunca>>; al final dimos con ello, todavía no habían abierto, una mujer que detuve nos orientó para llegar; mientras nos sentamos en una barra, y cuando ellos pidieron mistela yo también.

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Pero comprender, una de esas madrugadas desperté como inflamada por un místico fervor, había contemplado al Universo nacer, en estallido incontenible, como ello, me lancé hacia el teléfono de Luis, para declamarle, con voz boreal de hemisférica niña austral, un verso de una aurora verde y rosa, temblante, un poema de Baudelaire, estremecida por laetitias surgentes, afloramientos, eran sólo las cinco de la mañana, las aguas de aquel mítico tsunami, para comprender que uno nace dos veces si quiere, y la segunda es más pretérita que la anterior, por comprender como alguien tan con los ojos abiertos, aquí habla de La Paz, de la Bolivia de La Paz, y de centroaméricas y viajes fronterizos, que se percibe que respiran desde dentro de él, que se han alojado como un quicio transatlántico que yo logro vadear, a llegar a comprender, hay el instante.

Entonces hablamos de mí, de esto, de acerca de quién es Le Mat, los pies siguen colgando de los taburetes, no he podido pagar, no me han dejado, este primero me toca a mí, usted ya sabe como es eso, argumento desestimado, mejor yo que luego quizá ya no esté, más tarde le escucharé echármelo en cara, otra cosa más, no me importará, una se conoce, después de tres caladas de humo amniótico también.

Pero Le Mat, ¿quién era? Esta que ha dado los pasos, esa misma yo. Pero Le Mat es el ser que  ha hecho la liberación, ¿y de qué liberación nos hablas? Mejor no hablar de mí, para eso nos sirven los antiguos arcanos, para comprender que tú también eres él. Por comprender, ¿recuerdas? Para comprender. Pero comprender…

No nos movemos, la música incita a la charla, la párvula luz, yo no repito mistela, si acaso me pido ese socorrido refresco de limón con té, con Klaus aprendí de aquello, de los dolores de cabeza.

La Maga, la Maga, a alga y a ola, ojos y manos que se crispan en el acto del deseo y del amor, ¿Oliveira me escuchas? Dije que la tura del trapo rojo no iba a importarme más, que era una impostura pero el saquito asoma y con él…

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2 comentarios

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  1. María Camín said, on mayo 29, 2010 at 10:29 pm

    De Pasajes de San Juan a San Sebastián del día y la Noche


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