El Camino No Elegido

De lo cóncavo y lo convexo de la tarde donostiarra

Posted in de la memoria by María Camín on mayo 29, 2010

Cuando regreso seguimos solos y parece que así permaneceremos, confío que en la terraza, un solecito muy rico, la ropa se seque sin problemas y cauta me preocupo de asegurar ese cerrojo, vaso comunicante entre estancias, un estupendo armario donde he desocupado el contenido de la Roja, me proveo sólo de un teléfono y es el que no tiene cobertura, no deseo hacerle ninguna llamada, así me obedezco a mi misma, en previsión de otras apetencias que pueda despertar, en mí,  la tarde, pienso sólo en el retrato y la narración, en túmulos de experiencias feéricas o cúmulos para el retorno, en nimbos, cirros y estratos, eso <<The Greek>>, el de madera canalla, luego no lo comprenderá, y como yo me iba, y ellos se iban lo mismo, decidimos irnos juntos, los de la ida unida, aunque sólo pensaba en acompañarles, los primeros compases, dando un paseo pero ya el <<Peine de los Vientos>>, lo que desde el aullido  y el susurro me reclamaba, lo dejamos atrás y andamos toda La Concha, y la conversación era muy agradable y yo me sentía, en verdad,  cómoda con los dos, uno más apacible que otro, otro más vivo y estimulante que ese uno; éste dedicado a la enseñanza de idiomas, aquel al cuidado del discapacitado intelectual, celadas, celadores, cielos, los míos con usted.

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Y de repente unos chiquillos alemanes, muy rubios, educados y religiosos, repartiendo octavillas de alguna otra reunión, nos detienen, el carrusel estaba ahí delante, lo miré con corazón mientras ellos socializaban, seguimos hablando de… Un momento, ¿de qué íbamos hablando? Es difícil no dejarse absorber por la conciencia del mar cuando lo impregna todo a su alrededor con su eterna musicalidad… ¡Ah sí! De la edad, del climaterio en mi caso, de ese hijo en el de la presente sólo en espíritu, que estaba al borde de nacer a un Mundo incomprensible, si lo enfocamos con los ojos de la ecuánime razón… ¿De bitácoras? Otra vez es apagada la voz del que nada de malo encuentra en decir la verdad, por un codazo de su amigo, el que guarda secretos, de hilos que se aflojan y se extienden según algún profano y material interés…

Yo si escribo -dije. Y en una bitácora, como al parecer tú… Una se alegra tanto de no tener que esconderse- por fin. Tuve entonces, la extraña sensación de que quizá el encuentro no fuese del todo casual. Pero en seguida la descarté, tal vez lo hice mal, dije o no dije demasiado. Y por eso procuro ser pasajera, sólo en tránsito, con las mismas personas; yo no las voy buscando, aunque tampoco, en principio, las evito, y los paisajes y arquitecturas no reclaman, al dorso esas, ni demandan ni se sienten ofendidos o irritadas por debidas o indebidas atenciones.

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2 comentarios

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  1. María Camín said, on mayo 29, 2010 at 6:52 pm

    De Pasajes de San Juan a San Sebastián del día y la Noche

  2. […] De lo cóncavo y lo convexo de la tarde donostiarra on Mayo 29, 2010 at 6:47 pm […]


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